Espai Carme Thyssen

La exposición

Ciudades y espacios habitados

Josep Amat dialoga con el impresionismo

JOSEP AMAT DIALOGA CON EL IMPRESIONISMO

Manteniéndonos fieles a la manera de presentar la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, poniendo en contexto la pintura catalana con la pintura internacional, en esta ocasión os proponemos la pintura de Josep Amat como hilo conductor del diálogo con maestros del impresionismo francés (Pissarro, Sisley, Guillaumin, Bonnard) y otros artistas que también se han nutrido de estas raíces estéticas (Gauguin, Dufy, Louiseau, Lebasque, Camoin, Potthast). Un paseo pictórico para el que se han seleccionado veintiuna obras que esperamos que disfrutéis. 

Amat no se puede definir como un artista impresionista, pero sí que ha incorporado en su lenguaje plástico el diálogo con este movimiento pictórico. Hay cuatro conceptos clave que marcan estas conversaciones y que nos pueden guiar en la lectura de las obras. Tres tienen que ver directamente con el hecho pictórico en general y el impresionismo en particular: la luz, la atmósfera y el instante. La muestra dedica las salas 1, 2 y 3 a cada uno de ellos, respectivamente. El cuatro concepto, el taller en la calle, será una constante en la obra de Amat y se pone de relieve en las salas 4 y 5. Cuando participamos del diálogo, también se debe tener en cuenta que el hecho de destacar un concepto no excluye la presencia del resto, ya que la pintura siempre queda abierta a la mirada.

Aunque en la visita virtual se propone un recorrido, el discurso estético está construido de manera que permite explorar libremente la exposición sin necesidad de seguir un itinerario establecido.

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La exposición en detalle

​Un itinerario por la muestra

  • Sala 1 Luz

    Sala 1 Luz

    Leer el mundo a través de la pintura explorando la magia de la luz es una de las maneras de disfrutar del arte. El impresionismo une el análisis de la visión y el de la luz al servicio de la sensibilidad para interpretar la forma. Las cuatro piezas de esta sala parten de lugares cercanos a la biografía vivencial de los artistas que las han realizado y han sido elegidas para despertar la curiosidad del espectador en la lectura de sus interrelaciones. Si en la plasmación de la luz, su incidencia es determinante y los colores no son inmutables, en la lectura de las obras pasa lo mismo cuando conversan.

    La propuesta es el diálogo entre La casa del artista en Sant Feliu de Amat y A orillas del Marne de Lebasque, y entre El Prat de Llobregat de Amat y Claro de sol de Bonnard.

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  • Sala 2 Atmósfera

    Sala 2 Atmósfera

    Los colores no se perciben solos sino por relaciones de proximidad. En este sentido, los artistas impresionistas tratan de representar la atmósfera: las relaciones entre la luz, el espacio y el tiempo. Durante el último tercio del siglo xix, el discurso pictórico empieza a experimentar un cambio que no se había dado desde el Renacimiento. París se convierte en la capital mundial de la pintura, hasta la Segunda Guerra Mundial.

    Cuando Josep Amat, en 1933, vista París, le impresionó mucho y pintó intensamente. En aquella estancia visitó repetidamente el Louvre y el Jeu de Paume, donde estaban expuestos Sisley, Pissarro, Guillaumin o Bonnard.

    Los diálogos de esta sala son entre La inundación de Port-Marly de Sisley y Rambla de Sant Feliu de Amat, y entre El puente del Arzobispado y el ábside de Notre-Dame de Guillaumin y Puente Saint Michel de Amat.

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  • Sala 3 Instantes

    Sala 3 Instantes

    Un mismo paisaje puede ser objeto de múltiples representaciones, el tema es solo una excusa para el análisis de la luz y el reto de atrapar el instante. De aquí las apariencias sucesivas que hacen inagotable un lugar, ya sea una calle, un edificio, un paseo… La pintura evitaba hacer fundible el momento a la vez que conseguía jugar con la ilusión óptica para provocar la sensación de movimiento. Las sombras de los objetos se representan abandonando la tonalidad oscura y reduciendo los espacios coloreados con tonalidades complementarias, usando, por ejemplo, luces amarillas y sombras violetas.

    Los diálogos propuestos son, por un lado, entre La calle Clignancourt, París, el 14 de julio de Loiseau, El casino de «La Constancia» y Mesas del Paseo de Amat, y, por otro, entre Camino de Versalles, Louveciennes. Sol de invierno y nieve de Pissarro y Nieve, Sant Gervasi de Amat.

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  • Sala 4 Rincones del mundo

    Sala 4 Rincones del mundo

    La pintura a plein air, realizada al aire libre, tiene sus antecedentes en la escuela de Barbizon. El artista trabaja directamente en el lugar donde pinta y no en el taller. En un principio, lo que buscaba el artista era el contacto directo con la naturaleza. En el caso de Amat, la mayoría de sus obras están realizadas en un entorno urbano, pero si algo lo caracteriza es el hecho que a él le apasionaba trasladar su taller a la calle, siempre pintando al aire libre. Su estudio era allí donde plantaba su caballete porque había encontrado la excusa, el tema para disfrutar  del color. Los paisajes urbanos de Josep Amat, ya sean dedicados a las calles de París, a las de Barcelona o a las de Sant Feliu, precisamente tienen el encanto del cómo, la magia del dónde y la ilusión que prolongado el quién.

    Los diálogos de esta sala son entre El mercado del pescado, Marsella de Dufy y Mercado de Amat, y entre La calle Jouvenet en Rouen de Gauguin y La Criolla de Amat.

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  • Sala 5 Sant Feliu de Guíxols y el mar

    Sala 5 Sant Feliu de Guíxols y el mar

    Cuando llegó a Sant Feliu de Guíxols en 1933, lo hizo buscando la belleza de la luz y del paisaje de la que le había hablado su amigo Pau Verrié. Además, allí encontró a Isabel Girbau, con quien se casó y, de esta manera, su geografía humana se dibujó entre Barcelona y Sant Feliu. El vínculo con París quedará en los efluvios impresionistas que definirán parte de su pintura. Seguramente el mar y los árboles del Paseo de Sant Feliu, una naturaleza urbana, le proporcionaron el tema perfecto para aplicar las pinceladas sueltas en las que poder aplicar colores puros agrupados que, a distancia, chisporrotean en el ojo de quien las contempla.

    Los diálogos entre Escena de playa de Potthast y Balandres de Amat y Puerto de Cassis con dos tartanes de Camoin y Puerto de Sant Feliu I de Amat, tal vez nos inviten a mirar aquello que estaba pero que posiblemente no habíamos visto.

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  • Biografía de Josep Amat

    Biografía de Josep Amat

    Josep Amat i Pagès Barcelona, 1901 - 1991

    Josep Amat i Pagès nació en Barcelona el 13 de abril de 1901, en el seno de una familia de propietarios rurales de la comarca barcelonesa del Baix Llobregat. Su padre, Josep Amat i Aymar desempeñaba el oficio de administrador judicial de fincas. Era un hombre cultivado y dotado de inquietudes artísticas. Su madre, María Pagès, aunque originaria de la misma comarca, nacida ya en la Ciudad Condal, se había educado en un ambiente culto. Aficionada a la música, había sido discípula del pianista Vidiella.

    La andadura artística del joven Amat se inició en 1917, cuando frecuentó un tiempo el taller del escenógrafo Antoni Ros i Güell. Poco más tarde asistió a los cursos que impartía el pintor Nicanor Vázquez en el Ateneo Obrero de Barcelona, hasta su ingreso en la Escuela de la Llotja, una institución en la que se formaron buena parte de los maestros de la pintura catalana moderna. Allí fue alumno de los pintores Fèlix Mestres y Francesc Labarta.

    La vocación por la pintura de Josep Amat se afianzó de un modo definitivo a raíz de su conocimiento y amistad con el paisajista más prestigioso del país, Joaquim Mir, con quien en 1925 convivió un año entero en su casa de Vilanova i la Geltrú. La estrecha relación con Mir —que fue su padrino de boda en la primavera de 1936, cuando el pintor contrajo matrimonio con Isabel Girbau— se mantuvo hasta la muerte de éste en 1940. Sin embargo, la emancipación artística de Amat respecto de su maestro se produjo muy pronto. A fines de la década de los veinte, la pintura de Amat tenía ya una personalidad definida y bien distinta de la del maestro tanto en el aspecto temático como en el estilístico.

    El año de 1928, fecha de su primera exposición individual en las Galeries Dalmau de Barcelona, a la sazón uno de los principales centros de difusión del arte europeo de vanguardia en la España de la preguerra, marca un hito muy importante en la carrera de Amat. Por una parte, señala su notablemente exitoso debut como pintor profesional en su ciudad natal; por otra, sitúa la irrupción en el panorama artístico de un artista independiente y de una singular madurez.

    Entre 1933 y 1935 Amat vivió su particular periplo en París, la todavía capital del arte internacional. Con anterioridad al estallido de la Guerra Civil española hay documentadas tres estancias suyas en la ciudad del Sena, casi siempre coincidiendo con el otoño, más largas la primera y la última y más breve la segunda. En estos viajes el pintor entró en contacto in situ con las grandes obras del Impresionismo, se familiarizó con los tesoros del Musée du Louvre y sobre todo pintó incansablemente, trayendo a su regreso deliciosas panorámicas de los puentes del Sena y de los rincones más pintorescos de la ciudad. Este contacto con París dejó también una huella importante debido a su conocimiento y amistad con dos veteranos pintores que habían tomado parte en las vanguardias de comienzos de siglo: los fauves Albert Marquet y Raoul Dufy.

    Los tiempos de la Guerra Civil fueron amargos y difíciles para Amat y toda su generación, la llamada «generación perdida», a cuyos hombres y mujeres las convulsiones y los acontecimientos históricos de los años treinta y cuarenta partieron la vida por la mitad. En 1936, al poco de casarse con Isabel Girbau, el pintor vio morir fusilados en Sant Feliu de Guíxols a su suegro y a su cuñado. Sus propios padres vivieron ocultos en una masía la mayor parte de la guerra. En 1938, durante un fuerte bombardeo aéreo de Barcelona, nació Isabel, la primera de sus tres hijos.

    Terminada la contienda, el pintor reemprendió sus exposiciones en Barcelona, donde ya en 1940 hizo un acuerdo verbal de exclusiva con Joan A. Maragall, propietario de la Sala Parés, un pacto que ambos mantuvieron hasta la muerte de Amat en 1991. Poco después, en 1941, ingresó como profesor en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, una actividad que desempeñó hasta su jubilación en 1972. En los oscuros años de la posguerra, Amat fue contertulio asiduo de las reuniones de uno de los escasos cenáculos artísticos de Barcelona, La Colla, grupo que aglutinaba la hospitalaria y exquisita pintora de origen georgiano Olga Sacharoff y en el que militaban destacadas personalidades de la cultura catalana contemporáneas, como los músicos Frederic Mompou y Eduard Toldrà, los pintores Josep Puigdengoles y Josep Mompou, el escritor Josep Millàs i Raurell, el editor Joan Seix, el escultor Enric Monjo, el ceramista Josep Llorens i Artigas, etc.

    Los años cincuenta y sesenta presenciaron la madurez creativa de Amat y su consolidación profesional más allá del ámbito artístico barcelonés, donde desde comienzos de los años treinta gozaba ya de una considerable notoriedad y una cotización nada desdeñable, y en cuyos principales certámenes oficiales participó obteniendo un reconocimiento casi unánime por parte de la crítica. En 1949 pudo reemprender sus periódicas campañas de paisaje urbano en su amada ciudad de París. En 1954 obtuvo el premio «Jose Ramón Ciervo» en la II Bienal Hispanoamericana celebrada en La Habana. En 1955 le fue otorgado el premio «Sant Jordi» de la Diputación de Barcelona y en 1963 el «Ynglada Guillot» de dibujo. También realizó exposiciones en Madrid, París, Bruselas y en diversas ciudades españolas y americanas.

    En 1988 el presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, hizo entrega al pintor de la Creu de Sant Jordi, un importante reconocimiento público a una trayectoria de tres cuartos de siglo que Amat recibió con especial emoción. Poco después, en 1990, falleció su esposa, Isabel Girbau, a quien el pintor no sobrevivió más que unos meses hasta la fecha de su muerte, el 17 de enero de 1991. Atendiendo la voluntat del artista, fue enterrado en la ciudad de Sant Feliu de Guíxols.

    Jordi González Llàcer